El sodio, un enemigo oculto en los alimentos preparados

sodio

En un artículo especial publicado en los Archives of Internal Medicine del 23 de Julio de 2007, Barry D. Dickinson y Stephen Havas del Consejo de Ciencia y Salud Pública de la Asociación Médica Americana, llegan a la conclusión de que ante la ausencia de medidas tomadas voluntariamente por la industria alimentaria para reducir el sodio contenido en los alimentados procesados, y de los alimentos preparados, son necesarias nuevas regulaciones del Gobierno federal para conseguir esta reducción y, de esta forma, disminuir la prevalencia de la enfermedad cardiovascular en los Estados Unidos.

Las conclusiones de esta interesante revisión son las siguientes:

– El nivel de la presión arterial, el incremento de la presión arterial con la edad y la prevalencia de la hipertensión arterial están en relación con el aporte de sodio en la dieta.

– Una modesta reducción del aporte de sodio en la dieta (de 31 a 44 milimoles/decilitro) disminuye el porcentaje de individuos en estado pre-hipertensivo (14/8) que desarrollan hipertensión arterial.

– La presión arterial es influida, además, por otras variables, por lo que reducir el sodio en la dieta es sólo un componente de la estrategia recomendada para disminuir la presión arterial.

– La virtual ausencia de hipertensión arterial o de un progresivo aumento de la presión arterial con la edad en poblaciones con un aporte medio de sal en la dieta de menos de 1.400 mg/día, apoya la tesis de la existencia de un umbral por encima del cual el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular, con sus dañinas consecuencias para la salud, comienza a aumentar.

– Los resultados de un ensayo clínico (DASH-Sodium Trial) muestran que los mayores beneficios se obtienen cuando se reduce el aporte de sodio en la dieta de 2.300 a 1.500 mg/día.

– No obstante, incluso en los individuos más motivados, resulta difícil reducir moderadamente el aporte de sodio en la dieta debido a que la mayor parte del consumo de sodio se deriva de la sal añadida por los fabricantes a los alimentos procesados y en los alimentos preparados en restaurantes. Por lo tanto, toda estrategia dirigida a disminuir el aporte de sal en la dieta debe contar con la reducción de la sal en los alimentos procesados y preparados.

– Un objetivo apropiado sería conseguir una reducción de un 50% del sodio añadido a los alimentos procesados, los productos para comida rápida (“fast-foods”) y las comidas preparadas en los restaurantes. – La cooperación entre el gobierno, la industria alimentaria, los médicos y el público, es fundamental para conseguir los beneficios que para la salud pública (prevención de la enfermedad cardiovascular) tendría la reducción del aporte de sodio en la dieta.

– La introducción en el etiquetaje de los envases de los alimentos preparados de la cantidad de sodio que contienen haría posible que el consumidor escogiera aquellos productos con menor aporte de sodio a su dieta.

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